
Se trata de uno de los pocos ídolos vivientes de la época del cine de oro mexicano. Su trabajo ha sido conocido durante más de 50 años. Es patriarca de una familia de talentos, los cuales a su manera han sobresalido pese a la gran sombra que los cobija. Ha dejado un gran legado de películas y producciones discográficas. Y lo que se junte esta semana.
Esta corte llama al banquillo a Antonio Aguilar.
EVIDENCIAS INCRIMINATORIAS:
Al principio de su carrera se le consideraba un buen actor y cantante. Mas tarde descubrió que subirse al caballo y cantar sandeces era lo que estaba de moda y entonces se corrompió para finalmente perpetrar todo tipo de crímenes y vejaciones contra el cine y la música, mostrando sus ansias mas perversas.
LOS HECHOS:
¿Ídolo del pueblo?
El único merito que tuvo Toñito fue tener cierto parecido físico con Pedro Infante, quien a su muerte, dejó un gran vacío en el medio artístico. Vacío que muchos trataron de llenar, incluyendo al señor Aguilar. La pregunta obligada es: A la muerte de Antonio Aguilar, ¿Qué tan vacío queda el lugar que deja? ¿Acaso deja algún vacío imposible de llenar?
¿Cantante?
Si bien a principios de su carrera tomo clases de ópera, y se notaba un intento voluntario por ser mejor cantante, lo cierto es que su voz dejaba mucho que desear. Y eso lo reflejaba en su basta selección de bodrios musicales. Después de Antonio Aguilar nunca amó la música, eso es evidente al cantar tanta pendejada (lo siento, no puedo usar otro adjetivo mas correcto para calificar las melodías que interpretaba). Más bien parecía que odiaba la canción ranchera. Con excepción de uno que otro éxito, todo su repertorio habla de caballos y vacas. Es realmente detestable escuchar su acervo musical.
¿Actor?
Si subirse y bajarse de un caballo con gallardía es actuar, entonces que le den un Oscar. Nuestro charro cantor, en lugar de hacer películas con diálogos coherentes e inteligentes, se dedico a rellenarlas con canciones insulsas y pueriles convirtiendo el género de comedia ranchera -que desde sus raíces resultaba ser bastardo – en vil estiércol.
A unos pocos instantes de su inevitable muerte, el jurado emite su decisión:
VEREDICTO: INOCENTE. El pueblo es el culpable de hacer con estiércol la figura de un ídolo.
CONDENA: El pueblo es condenado a cadena perpetua en la celda de la inmundicia.







